Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios.
Web de la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios

CAPÍTULO III
LA PATRONA DE COLMENAR VIEJOa.

(Este documento está basado en el Capítulo III del libro
“Un Paso Más...” de D.Jesús Fernández Fuillerat

 

LA PATRONA DE COLMENAR VIEJO

A pesar de que cada vez todas y cada una de las Hermandades y Cofradías de Colmenar Viejo están en auge y celebran sus patronos de forma más popular, la que por excelencia se lleva la palma en cuanto a vistosidad y popularidad no es otra que la Santísima Patrona de la Villa, La Virgen Nuestra Señora de los Remedios. Habitualmente se halla en su ermita, sita en el km. 3’500 de la carretera a Guadalix de la Sierra, en una finca de pinos en el margen izquierdo de ésta.

En Colmenar prácticamente la totalidad del pueblo, salvo el que por algún impedimento físico no puede, el senderismo que se practica es subir a la Ermita de los Remedios. Unos porque el médico les ha recomendado andar a diario, otros para adelgazar unos kilos, otros para entrenar deportivamente hablando, otros sencillamente por pasear y otros por costumbre. Cada uno por un motivo diferente, pero lo que todos tienen en común es la fe en la Virgen, a veces no todos llegan hasta la ermita (es largo el camino y el tiempo apremia), pero seguro que antes de dar la vuelta, alguna súplica echará y la Virgen acogerá.

El año es largo, las caminatas constantes, en la época estival se va incrementando hasta llegar a su momento más álgido que es el conocido por Viernes de Remedios, día en que la Virgen es llevada hasta Colmenar y donde permanecerá hasta el martes siguiente en que vuelva a su lugar natural.

Lo conocido popularmente por todos como “La Función”, no empieza el viernes citado, sino que, un complejo proceso se pone en marcha para recibir, acompañar y despedir a la Virgen durante su estancia en el pueblo.
Todo comienza públicamente con la imposición de medallas a los Hermanos que cumplen los diez años de edad. Es una ceremonia pública a la par que íntima, sencilla a la par que compleja para aquellos que van a recibir esa medalla de la Virgen de los Remedios (cordón rojo de la que cuelga en metal color plomo la imagen con la orla de las andas) que seguramente van a guardar durante toda su vida.

Se celebra el domingo anterior al comienzo de la novena, de la que oportunamente se dará explicación más adelante. Se hará durante la misa mayor del domingo (doce o doce y media) y es la primera actividad que consta en el programa de Fiestas Litúrgicas de la Hermandad.

Nueve días antes del Viernes de Remedios (el cual se define como el último viernes de mes que además el domingo de esa semana aún sea de agosto) comienza la novena y para ello hay que bajar el cuadro de la Virgen de los Remedios que está situado junto a la pila bautismal, justo en el hueco que forma la escalera de subida al coro. Puesto que es un cuadro de grandes dimensiones e igual peso, se requieren de muchas manos y alguien que coordine el trabajo. Alrededor de las cinco de la tarde todos aquellos que se prestan a tal favor se hallan dispuestos para la ardua labor.

Bajar el cuadro con todo mimo y trasladarlo a pulso hasta el altar, que eventualmente se instala en el lateral izquierdo de lo que es la nave que acoge al altar mayor, es algo que requiere al menos de la pericia de quien ya lo hecho más veces.
Tradicionalmente, el Sacristán acompañado de algunas mujeres habrá estado preparando el altar con todo lo que ello supone: instalación del soporte, flores, candelabros y la sabanilla blanca para los días de la novena. El resto de altares también estarán revestidos con la sabanilla de este color.

El Sacristán, curiosa figura (entiéndase como cargo). Ese gran desconocido y sin embargo tan necesario en cualquier templo. La Real Academia Española lo define como “Hombre que en las iglesias tiene a su cargo ayudar al sacerdote en el servicio del altar y cuidar de los ornamentos y de la limpieza y aseo de la iglesia y sacristía”.

Debe tener sus defectos, como todos, y responderá ante quién deba y como deba. No obstante lo que públicamente debe caracterizar al sacristán son sus virtudes. Pulcritud, orden, decencia, piedad, caridad, celo,...
son algunas de las que no debe permitirse el lujo de carecer. Su misión es claramente una delegación del sacerdote hacia él. Por tanto, lo que haga para bien o para mal, será la imagen que del sacerdote se ofrezca. Así que su disposición y buen hacer deben ir en consonancia clara con quien deposita en él esa confianza tan ciega que será su imagen pública.

A pesar de la voluntariedad de muchas personas y de la disposición que la Junta Directiva de la Hermandad tiene a la hora de convocar, no cabe duda que el Hermano Mayor ha de hacer su propia convocatoria,mostrarse ante los demás no como un líder, sino todo lo contrario, como un servidor de la Virgen y de sus propios Hermanos. Es hermoso contemplar cómo el Hermano Mayor nunca está solo, cómo disfruta y a la vez sufre todo lo que conlleva este cargo representativo. Siempre rodeado de su familia, de su gente, sus amigos. Todos codo a codo con el Hermano Mayor, haciendo percibir a todos el aroma de la familia y la amistad. A las nueve de la noche del citado miércoles, dará lugar la primera novena.

Procede hacer un inciso para hacer una breve exposición de qué es una novena, puesto que muchos de los asistentes a la misma, posiblemente nunca hayan reparado en la misma en el sentido litúrgico que ésta tiene. La novena, como popularmente se conoce, es un ciclo de nueve días en que se venera y enaltece a la Virgen de los Remedios. Se inicia inmediatamente después de la misa de nueve (de la tarde, se entiende) y tras una serie de gestos y cantos se culmina con el Himno a la Virgen de los Remedios.

Comienza la celebración como ya se había citado, a las nueve en punto de la noche. Los priostes, más comúnmente llamados cetros; son esosbastones altos (170 cm. aproximadamente) que en la parte superior llevan una imagen de la Virgen de los Remedios bajo un palio. Todo ello, vara, imagen y palio metálico y bañado en plata, acompañan al Hermano Mayor desde la sacristía hasta el primer banco de la fila izquierda, si miramos hacia el altar, de tal forma que quedarán inmediatamente delante del cuadro de la Virgen de su Patrona. Siempre irán en igual posición, el Hermano Mayor ha de sentirse arropado por los cetros, por eso siempre irá en el centro, según las celebraciones irán en línea o en fila de a dos, pero el Hermano Mayor siempre en el centro.

La misa suele ser una ceremonia normal, en cuanto a ritos se refiere; participa la Coral de Colmenar y el Coro Parroquial intercalando las actuaciones de uno y otro de forma totalmente sincronizada. La asistencia de sacerdotes, diáconos, seminaristas y monaguillos suele ser bastante más numerosa.

La Coral de Colmenar, originariamente perteneciente a la Basílica de la que en tiempos se separaron, es la que suele hacer uso de la zona del templo destinada a estos efectos. Por ser el único coro colmenareño privado, pues actualmente se está iniciando uno desde la Escuela Municipal de Música, son los que se sienten como en casa al subir al habitáculo desde el que entonan sus cantos. Suelen tener una bolsa con caramelos para evitar la sequedad de garganta.

Al ser productos no perecederos y no precisar de refrigeración como podría ser el agua, pueden permitirse el lujo de mantener esos productos, para unos manjares o golosinas y para otros casi necesidad como es el caso. No escatiman al ser visitados por cualquier niño, sea o no hijo de algún coralista, en ser agasajado con uno de estos caramelos que con tanto esmero procuran mantener.

También es algo acostumbrado que el Hermano Mayor, no se sabe muy bien si como agradecimiento o como garantía de calidad de las interpretaciones, les halague con un paquete de estas sus particulares perlas. Para este singular regalo no hay momento estipulado, si bien es conveniente hacerlo antes o durante las novenas. No porque vayan a faltar los caramelos, sino porque es el momento en que cumplirían su fin.

No obstante, para el pago de las actuaciones a la Coral, sí que sin haber un día concreto de pago, el Tesorero de la Hermandad no suele demorar la entrega del talón al Director de la Coral según lo acordado.
Centrándonos en la ceremonia, también es de destacar la homilía, ya que cada día la hará un sacerdote distinto y sobre un tema también distinto, aunque recientemente se está recuperando la figura del Predicador. Suele durar entre diez y quince minutos, pero la feligresía de forma general siente que el tiempo se detiene en este momento. Es un momento pasivo para el pueblo, todo se basa en escuchar. Suelen ser días calurosos y lo que más se oye entre los bancos, puedo asegurar que es el traqueteo de los abanicos de las señoras.

Ese abre y cierra que puede llegar a ser constante, no por ello molesto. Gracias a tal artilugio algunas personas propensas al sudor, mareos y otros sufrimientos propios del calor superan este momento, que no por resultar tremendamente interesante es menos sufrido para el feligrés de a pie, que a veces busca un escaso aliento fresco de la calle para retomar la celebración. Aunque para ello los más calurosos procuran mantenerse en la parte central del templo.

Para ayudar en la medida de lo posible a sofocar los calores, se mantienen abiertas las grandes puertas existentes a ambos lados, y por las que como si al acecho estuvieren, cualquier molécula de aire que se halle en movimiento será captada para hacerla cruzar la nave basilical de lado a lado. Una vez finalizada la misa, como ya se ha enunciado, comienza la novena.

Este es un momento interesante popularmente hablando. Se observa que en la calle hay gente, no se repara en ella normalmente. Pero en el momento que la novena comienza se observa un fluir de algunas de estas personas hacia el interior del templo

¿Qué significa esto? Es evidente: la misa, al menos para estas personas, no tiene el peso su ficiente como para asistir o bien, por circunstancias personales no llegan a tiempo de la misa y se incorporan en este momento. Cuando menos es un fenómeno curioso y además creo que es de ley hacer constar que es una minoría casi imperceptible, pero no por ello deja de llamar la atención de quien permanece en las inmediaciones del templo a cargo de los niños que allí juegan y corretean.

No suele durar mucho, prácticamente la misa puede durar una hora y la novena no más de media, con lo cual sobre las diez y media todas las celebraciones han finalizado con el retorno del Hermano Mayor y los cetros a la sacristía.

Familiares y/o amigos del Hermano Mayor se colocarán en las puertas con un paquete de programas de la Virgen para repartirlo entre los asistentes.

El programa es un documento tamaño folio aproximadamente, en el que por el anverso puede verse la imagen (fotografía, dibujo, fotocomposición,...) de la Virgen y por el reverso, el calendario con la relación de actividades de la Hermandad durante las Fiestas Patronales.

Más adelante se dará la oportuna explicación sobre cómo y cuándo se genera tan original documento.
Ahora comienza un acontecimiento social digno de destacar. La iglesia es desalojada de forma inminente, todos quieren respirar aire fresco. Unos marchan directamente a casa, pero hay otros que protagonizan el acontecimiento que va a ser narrado.

Lo primero que se observa es cómo se forman los corrillos de amigos, casi todos permanecen estáticos. Algunos de los componentes de estos corros van saludando de grupo en grupo al resto. Todos se preguntan por todos, sus familias, sus bienes, sus alegrías, sus enfermedades,...

Siempre hay quien pregunta ¿Dónde vamos? Está claro que el sentido de tal interrogación no es otro que la propuesta de acudir en grupo a tomar un refrigerio y saciar la sed que todos acusan.

La oferta es variada y cada grupo tiende a acudir a su lugar preferido por uno u otro motivo. Los mayores (entiéndase los que no tienen niños que atender) buscan terraza fresca sin mucho barullo. Los de mediana edad (en estos englobaremos los que constantemente tienen un ojo en su o sus hijos y no lo pierden de vista ni un instante) suelen buscar lugares abiertos como plazas o calles cortadas al tráfico. La Plaza del Pueblo realiza una labor encomiable en este sentido. Los jóvenes, los más escasos, buscan el arrope de sus amigos en los bares de moda.

Es circunstancia inigualable la del periodo de la novena. Los niños y padres suelen acudir ya cenados o con una “meriendamena”, que sirve de almuerzo, merienda y cena. Se acudirá tarde a casa y son muchas horas sin bocado que llevar a la boca. Algunos en las terrazas piden raciones o bocadillos, si bien, no es lo común. El refrigerio, sobre todo, busca saciar la sed y tener un momento de conversación con los amigos, ya que a veces por motivos sociales y personales, transcurren semanas completas sin pararse ni un momento a hacerlo.

Así transcurre día tras día la novena. Se rompe la monotonía diaria, se rompe la escala de valores y se antepone la Función a cualquier otra cosa.

Razonable y coherente para los creyentes, pero difícil de cumplir. Pues trabajar, llevar la casa y cumplir los compromisos sociales durante tantos días seguidos suele ser embarazosa situación en la que se crea un sentimiento de faltarle horas al día de forma alarmante. No da tiempo a hacer
nada, volver del trabajo, comprar, cocinar, lavar, comer, asearse, regar las plantas y/o el jardín, atender a la familia,... en fin, no queda tiempo ni para ver el telediario. Por ello, hay personas que privilegiadas ellas, cogen unos días de vacaciones para evitar someterse a la tensión que genera vivir de esta forma. Para el que no puede, no le queda más remedio, si no quiere dejar de cumplir con el ritual citado, que ir cogiendo horas de sueño a crédito. Digo bien a crédito, porque cada persona tiene sus horas de sueño necesarias y al final seguro que necesitará reponerlas de algún modo, siestas largas, mini-siestas en los transportes,...

El primer día de novena aún se ve la bajada de la Virgen como algo lejano.
Muchos días de calor en la iglesia quedan, muchas misas, muchas homilías, nueve días. Así pensado se ve lejos y se hace muy cuesta arriba.

No obstante, muy a pesar de lo que algunos ignoran, el engranaje de la Hermandad sigue funcionando. Todos y cada uno revisan y retocan si es necesario su cometido. Desde las flores, hasta la preparación de medallas nuevas por si fuera necesaria sustituir alguna. Los cetros habitualmente se van haciendo rotar entre las familias de los adjudicatarios,

cada día caras diferentes. No es necesario tener conocimientos especiales para portar ese cetro, solamente fe. Pues como es evidente, todos juntos van, Cetros y Hermano Mayor. Siempre hay quien les apunta un movimiento, una orden de puesta en marcha, el engranaje y la meticulosidad del buen hacer guiados por la que consideramos Nuestra Madre, la Virgen de los Remedios.

Un fotógrafo tampoco ha de faltar en estos acontecimientos públicos. A todos gusta saborear del recuerdo de unos momentos tan importantes para todo aquel que los protagoniza.

El Hermano Mayor en su momento habrá contado con uno de los fotógrafos locales para realizar el programa, y es de extrañar que no sea el mismo el que también componga el reportaje de fiestas que le quedará como testigo visual para toda la vida. Es algo propio y personal. Él lo contrata y como tal es de su propiedad. Antaño solamente se hacían fotografías, hoy día y según el paso que la tecnología lleva, es fácil que el recuerdo también se componga de películas en DVD, CD’s interactivos y otros artilugios electrónicos.

Durante la novena, hay dos fotografías por excelencia. Una compuesta de todos los Cetros y Hermano Mayor ante el cuadro de la Virgen y otra en igual posición de los protagonistas pero esta vez en el banco que ocupan en las celebraciones diarias.

Jueves, viernes, sábado, domingo y lunes. Cuatro días de novena sin apenas novedad, en cuanto a labores públicas y laicas. Pero apenas amanece el martes, las mujeres se preparan para acudir a la Capilla de la calle Feria, donde primero se recibe a la Virgen. Durante todo el año se halla cerrada y conserva en su interior las andas de la Virgen y las hachas (más adelante se da cuenta de ellas). Comparte patio con la conocida Josefa Arranz, Pepita o Pepa para todos. Se accede a través de un arco de piedra y se cierra con dos grandes puertas de madera. Su nombre real es Capilla de Santa Ana, si bien todos la conocen como “La Capilla de la Feria”.

Como sin orden ni concierto, craso error el que así lo crea, acuden las mujeres que se quieran prestar a ello. Traen sus materiales de limpieza (guantes, trapos, estropajos, cubos,...) y dan buena cuenta de la capilla como inmueble, de las hachas que, impregnadas de cera del año anterior, se ha de quitar para después sacar brillo trasladar a la Basílica y las andas de la Virgen que lustrosas todos quieren ver.

Echan la mañana en este cometido. Entre risas y comentarios van llevando a buen término su labor, de la que no queda otra satisfacción que la del deber cumplido. No es de obligación ni mucho menos, sino como agradecimiento,

que de forma continuada y cada año se repita, el Hermano Mayor y la Camarera de la Virgen inviten a un aperitivo a las allí congregadas. Nada de complejidades ni productos elaboradísimos. Unas cervezas o refrescos y patatas fritas con aceitunas será manjar más que suficiente para saciar la sed y recuperar el cuerpo del esfuerzo. A la Camarera de la Virgen mención se hacía en el anterior párrafo, y no es figura menos importante, por lo que debe dedicársele unos párrafos de explicación. El diccionario define claramente este término: “En las cofradías o hermandades religiosas, mujer que tiene a su cargo cuidar el altar y las imágenes”.

Trasladado esto a la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios, es fácil sacar conclusiones. Podría definirse como la designada por el Hermano Mayor para el cuidado de la Ermita, hogar y lugar de recogimiento de la Virgen, donde todos van a venerar, suplicar y agradecer. Todo tiene que estar a punto y junto con la ermitaña, persona indiscutiblemente imprescindible en la Hermandad, se encargarán de mantener en perfecto orden la capilla para ofrecer una digna imagen a todos aquellos que se acercan a visitarla.

La ermitaña vive en la finca donde la Virgen se halla todo el año, con su familia. Lo ha hecho desde que tenía dos años de vida. Su labor es compleja, laboriosa y poco agradecida. Pocas personas serían capaces hoy en día, en esta sociedad de bienestar, de soportar estas condiciones.

En un principio puede parecer paradisíaco y hasta con un punto de bohemio. Vivir apartados del mundanal ruido, entre pinos, cuidando las plantas, limpiando la ermita y poco más. Suena bien ¿verdad? Ahora viene la segunda parte. Primavera, verano, otoño e invierno en lo que hoy podría considerarse como una casa rural, esas a las que mucha gente paga por ir a disfrutar unos días, pero no más. Apartados del pueblo para bien y para mal. La primavera y el verano son muy concurridos, pero ¡ay amigo! Cuando la Virgen vuelve de la Función en septiembre, la cosa cambia. El número de visitantes desciende alarmantemente y cuando llega el cambio de hora, no queremos ni recordarlo. Anochece a la hora de merendar y, o se tiene muy claro por y para qué se está allí, o hace uno las maletas en la segunda tormenta de otoño. Sobre todo si recordamos que nuestra querida ermita también ha sido presa de los cacos en alguna ocasión.

Por eso, hay que alabar a esta persona que con su dedicación y entrega mantiene esa finca, que a pesar de no ser excesivamente grande, nunca le falta que hacer. Angelines se llama, y junto a su hijo Antonio velan prácticamente día y noche durante todo el año. Sus únicas vacaciones consisten en ausentarse de su casa durante los días que la Virgen también lo hace. Sábado, domingo y lunes, tres días. Recapacítese.

Para más inri, todo el mundo esperando la Función desde principios de agosto, para cambiar los hábitos, para acudir a la novena, la fiesta, las cenas con los amigos y todo esto que tanto gusta a viejos y chicos. Sin embargo Angelines y Antonio gusten o no de las fiestas, es el único período que pueden aprovechar para hacer lo que realmente quieran. Ha de recordarse que la soledad no es buena de forma constante. Por tanto, un ratito de conversación que dediquemos con Angelines seguro que será agradecido como un tesoro.

El miércoles siguiente, por costumbre más que imposición, el Hermano Mayor hasta ahora, ofrece un vino a los componentes de la Coral de Colmenar, en agradecimiento sobretodo por sus esmeradas actuaciones en estos días previos a la Fiesta. Algo breve y sencillo que rompe el hielo y la distancia y provoca la conversación y el distendimiento entre todos. A mediodía del jueves, último día de novena y para finalizar ésta, se ha instaurado desde hace pocos años una comida muy entrañable.

El Equipo Sacerdotal y la Junta Directiva acompañan al Hermano Mayor que cada año ha presidido la Hermandad. Todos hacen un sobreesfuerzo para acudir y teniendo muy presentes a los fallecidos comparten mesa y mantel para cambiar impresiones y destacar el paso del tiempo por todo y todos. Ya por la noche, al finalizar la novena nuevamente se observa un ir y venir de personas.

¿Qué estará pasando? Se repite como un ciclo constante, los hombres en una labor y las mujeres en otra. No debe entenderse como sexista ni excluyente sexualmente hablando. Nadie está obligado a unirse a uno u otro grupo, está claro que cada uno está donde quiere estar y debemos pensar que si es así, no es por otro motivo más que la suma de la aptitud, la actitud y las buenas intenciones de cada uno. Todo lo que quiera enunciarse al margen de este contexto está fuera de lugar.

Las mujeres se hallan en el altar y los hombres acarreando bancos. Es un trajín continuo y un murmullo constante. Las mujeres ayudan al sacristán a preparar un nuevo altar, esta vez para la imagen verdadera de la Virgen de los Remedios. Previamente habrá de retornar el cuadro de la imagen que tan dignamente habrá presidido la celebración de cada novena a su lugar de origen. La operación es la inversa y prácticamente las mismas personas.

Salvo las patas que soportan el altar y su aterciopelada tela roja, todo cambia. El soporte para la imagen de la Virgen, las flores se renuevan por flores frescas y las velas consumidas por nuevas, también se cambia en todos los altares la sabanilla blanca, esta vez por una dorada. Dura labor y responsabilidad para todos los colaboradores y el sacristán dar el toque de distinción para que a todos agrade tal ornamentación.

Los hombres, mientras tanto, moviendo los bancos están. Situación curiosa, pues no denota lo que vaya a suceder en días venideros. Para ensanchar el hueco del pasillo central, han de retirar ambas filas de bancos. Para ello, y puesto que estos están sostenidos sobre un altillo de piedra respecto del resto de la iglesia, han de suplementar por los lados exteriores con unos soportes de hierro y madera para evitar que queden inestables los bancos más exteriores.

A continuación se colocarán unos bancos que habitualmente están en los laterales de la iglesia. Carecen de respaldo porque fueron construidos a propósito de la utilidad que durante la Función se les va a dar. Son estrechos, no más anchos de dos tercios que uno normal. Serán colocados en paralelo a ambos lados del pasillo y sobre el altillo de piedra que antes citaba.

De tal forma, que quien haga uso de él, cuando quede perfectamente acomodado tendrá los pies apoyados en el suelo y no en el altillo, ya que, al estar el filo del altillo totalmente en línea con el banco, no hay manera de colocar los pies en éste, a no ser que se cuelguen los pies de los tacones de los zapatos, gesto totalmente incorrecto en cualquier lugar. La razón de ser de esta postura es que, las rodillas formen unángulo de noventa grados y sea postura cómoda para sus usuarios.

ste día se retrasa un poco el refrigerio. No por ello será eliminado, al contrario. Todos tienen justificada una ración extra que sumar a los excesos necesarios que no han de faltar en estos días. El día siguiente es un día grande, llegará la Virgen a Colmenar y todos ponen un poco más de empeño, si cabe, en que no quede nada por hacer.

Seguramente algunos no hayan pasado buena noche, la preocupación los habrá tenido en vela buena parte de ella y las infusiones relajantes sumen varios litros como desayuno en Colmenar Viejo. A primera hora, apenas rompa el alba, la familia del Hermano Mayor sin otro pensamiento que la distraiga, se dispone a subir a la Ermita acompañados del Señor Cura Párroco.

Son momentos muy emotivos, de gran trascendencia familiar y que se viven en la más pura intimidad. Llegar a la Ermita, saludar a Angelines, la ermitaña, y disponerse a abrir la puerta trasera del habitáculo donde la Virgen se muestra a todos los que vienen a saludarla, es algo grande. Sentir que su cometido como representante de la comunidad cristiana que gira en torno a la Hermandad trasciende más allá que la mera representación.

Por respeto, gran respeto diría yo, nadie toca la imagen de la Virgen, salvo en los momentos más imprescindibles y solamente por aquellas personas que lo tienen así encomendado. Una de estas ocasiones sucede con motivo del traslado desde la urna hasta las andas que la llevarán hasta la entrada al pueblo. Son colocadas en la puerta de la Sacristía y junto al altar de tal forma que puede ser venerada por cualquier persona.

Se abre la puerta al tirar de la manilla y las bisagras ejecutan su labor, se siente cómo se hace un descubrimiento lleno de pasión. A todo aquel que no ha vivido este momento le parecerá una exageración. Pensar que por abrir una puerta que inmediatamente da acceso a unas cortinas de terciopelo rojas pueden transmitir todos esos sentimientos, roza lo ilógico.

Esto no es nada, comparado a cuando se retiran las cortinas para directamente ofrecernos esa estatuilla bella y chiquita que representa tanto para los colmenareños. El sacerdote la asirá con ambas manos para extraerla de la urna y mostrarla a los allí asistentes. Inmediatamente y sin dar paso a más sentimientos, es trasladada y colocada en las andas. A partir de este momento, comienza el Viernes de Remedios para todos los que quieran celebrarlo.

La familia del Hermano Mayor se hará cargo de su custodia a lo largo del día. Siempre habrá alguien junto a ella, no permitirán la soledad así como el contacto físico de los Hermanos para con su Madre (estoúltimo no sucederá con frecuencia, tan sólo en algún apasionado). Llegada la hora de comer es el momento de los relevos, son ausencias breves. Todos tienen muy asumido cuál es su cometido y no quieren permanecer retirados del lugar más que lo imprescindible.

La Camarera, qué gran labor la suya, pues no sólo atiende a la Virgen, seguramente también haga lo propio con los suyos. Nadie, ni siquiera ella, sabrá de dónde saca el tiempo, pero lo cierto es que es fácil pensar que habrá madrugado más que el resto para tener sus mejores galas preparadas para recibir a la Virgen al llegar la noche en el Canto de la Virgen.. Todos, Hermano Mayor, Camarera, sus hijos, sus nietos, amigos y familiares gozarán de este momento compartiendo con el Hermano Mayor el recibimiento de la Virgen en el Canto.

Por primera vez aparece citado el “Canto de la Virgen”, podría ser una calle, avenida o similar. Incluso un canto musicalmente hablando. Pero no, se trata de un bloque de piedra algo menor a un metro cúbico. Popularmente un canto al que sube el sacerdote para entonar unas palabras de alabanza y el himno a la Virgen al recibir y despedir a la Madre de Dios.

Durante todo el día pasarán muchas personas a venerar la imagen postrada sobre las andas. Algunos se fotografiarán junto a ella, otros rezarán y otros ambas cosas. Pasa el mediodía y, a partir de ahora, el Camino de Remedios se va nutriendo de fieles que irán caminando hasta la ermita. A la salida del pueblo hacia la ermita, justo en la puerta de la Piscina Municipal puede observarse cómo la carroza ya está preparada, lustrosa y revestida de flores a la espera de la llegada de la Virgen para trasladarla con la suavidad que sus ruedas permiten por el pueblo.

De un tiempo a esta parte se observa cómo, aproximadamente a mitad de camino, se instala un camión de distribución de la Cooperativa de Leche La Colmenareña. Resulta un oasis en lugar del polvoriento caminar. Se agradece tal refección cuando la temperatura corporal aumenta hasta llegar al estado de sudor continuado. Te ofrecen algo de bebida fresca. También Peletería Colmenar lleva un tiempo que obsequia con algo con que cubrir la cabeza y quizás, a partir de ahora, alguien más tenga una iniciativa similar.

Llegados a la ermita, el panorama es digno de ser descrito. Yendo a pie hay dos posibilidades de acceder a la finca. Una siguiendo el camino, al llegar a la pared de la finca, hay habilitada una puerta (hace un tiempo había unas escaleras hechas con piedra que subían y bajaban la pared de tal forma que a menos que se fuese andando era imposible acceder). Desde la puerta, basta cruzar a través de los pinos hacia la ermita, apenas 100 metros, y estaremos en la plaza del arco que hay frente a la ermita.

El otro acceso es el indicado para llegar hasta una explanada, todo ello camino y explanada empedrado, que hay en la parte trasera de la ermita. Se podría subir hasta la plaza citada anteriormente ya que el camino empedrado continúa hasta ésta. Si bien una barrera pintada en rojo y blanco impide el paso a vehículos, no a peatones, romeros o peregrinos.

El aparcamiento totalmente abarrotado y el resto de coches quedan estacionados a lo largo del perímetro exterior de la finca, siempre en sentido contrario hacia donde se dirigirá la Virgen en procesión, para atajar por un camino y llegar al pueblo antes que ella. Así dará tiempo a acicalarse
como es debido para esperar a la que es considerada como Madre. A partir de la barrera y en la zona del pinar lo que puede observarse en gran cantidad de caballos. Llegan pronto y se quedan en este lugar a modo de exposición. Visten sus mejores galas como jinetes y la gente se entremezcla con ellos para saludarse. También puede observarse alguna que otra carroza o carreta, menos usual.
Llegados a la plaza puede contemplarse algo verdaderamente peculiar. Hacia las seis y cuarto de la tarde, el lugar se halla en su máximo esplendor en cuanto a número de personas en la plaza. Unos vestirán de ropa cómoda de vestir o sport como está de moda decir, otros con ropa más deportiva. Se hace una clara distinción entre el que sube andando y el que motorizadamente llega, el sofoco de las caras delata a unos y otros.

Todos saludan a todos. El pequeño bar que hay en un edificio anexo a la ermita, formando patio interior con ésta, no da abasto para atender la gran demanda. Hay necesidad, cualquier cosa fresca servirá para aplacar la sed, un helado, un refresco, una cerveza, cualquier cosa, la única condición es el estado gélido de la sustancia.

Como es tradicional, el Hermano Mayor contrata a un fotógrafo de los existentes en la localidad para congelar los momentos que a buen seguro, aún sin retratos, no olvidarán. La mayoría de las personas que quieren alguna instantánea portan su cámara fotográfica. Aun así, hay quien aprovecha su presencia para posar junto a un caballo, las andas de la Virgen o cualquier otra cosa.

Llegadas las seis y media da comienzo la celebración de la misa en el interior de la ermita. El sistema de megafonía no da abasto para hacer llegar el mensaje a todos los asistentes y el calor en el interior de la ermita es agobiante a pesar de tener algún ventilador funcionando y todas las ventanas abiertas, que además de algo de aire permite la entrada del ambiente exterior.

Todo aquel que permanece en el exterior de la ermita está totalmente ajeno a lo que sucede en el interior durante la celebración eucarística. Para el que está dentro de la Ermita, la ceremonia se desarrolla con verdadera emotividad. Todos ansían el momento en que la Virgen sea portada a hombros hasta Colmenar. Pero no por ello se menosprecia la celebración eucarística. Todos participan de ella y escuchan con atención al celebrante.

En el momento en que finaliza la misa, se suceden una serie de acontecimientos que, si hubiera que retransmitirlo en directo por televisión, no sé cuántas particiones de pantalla habría que hacer. Por ello solamente se han de resaltar las más populares y tradicionales.

En primer lugar, el Hermano Mayor y su familia se marchan a casa para disponerse a vestir sus mejores galas sin demora, el tiempo apremia.

La Virgen queda en este momento en guarda y custodia de algunos de los miembros de la Junta Directiva, que para su identificación portarán su medalla con el cordón en los colores rojo y blanco.

Ahora el protagonismo máximo lo cobra la primera puja de la Función. Pero antes de proseguir, es de ley hablar de las pujas, su por qué y su forma de ejecutarlas.

Las pujas son una forma de acercarse a la Virgen, otra forma, ni mejor ni peor que las demás. Tradición tan arraigada en Colmenar Viejo como tantas otras y aceptada por todos. Consiste en la subasta de cada punto de apoyo para el traslado de la Virgen en los tramos establecidos.

Cada movimiento de la Virgen suele ir precedido de una puja por llevarla a hombros o empujar su carroza. En función de cuántos brazos compongan el medio de transporte, tantas subastas deberán hacerse en cada puja. Hay momentos en que no hay puja y se porta a la Virgen con un orden, más adelante se dará la explicación oportuna al respecto.

El encargado de las pujas es el Tesorero de la Hermandad, quién por supuesto, siempre contará con el apoyo del resto de los componentes de la Junta Directiva para agilizar los procesos y ayudar en cuantos malentendidos y/o tergiversaciones involuntarias puedan interpretarse.

De hecho surgen. No es fácil controlar la puja, los pujantes y por qué brazo se puja. Una sola persona se ve insuficiente para esta labor. Todos los Hermanos tienen derecho a pujar y así libremente se ha hecho hasta el día de hoy. Inmediatamente después de cerrar la puja, lo que procede es tomar nota y extender un recibo a cada uno de los adjudicatarios.

Suele ser rápido, cuestión de uno o dos minutos. A continuación, los miembros de la Junta Directiva supervisarán y aportarán su experiencia para elóptimo traslado de la imagen hasta donde corresponda. La primera se sucede en el interior de la ermita, desde el lugar en que se colocó en la mañana por el Señor Cura Párroco, hasta el pasillo central aproximadamente en el punto equidistante entre la puerta y el altar. Son cuatro los brazos por los que pujar y si miramos en el sentido de la marcha de las andas, el primero será el delantero izquierdo, el segundo el delantero
derecho, el tercero el trasero izquierdo y el cuarto el trasero derecho.

Una mesa servirá de apoyo de las andas en el pasillo mencionado, lugar en que será depositada la Virgen y que servirá nuevamente para realizar la segunda puja. No difiere de la anterior sino en el recorrido.

Esta vez su itinerario será desde el centro del pasillo hasta el arco. Dicho así podría ser cualquier arco, pero lo cierto es que como en la película “El Cid” puede verse, el edificio que hoy es la nave de la ermita se prolongaba todo lo que hoy es patio hasta el arco de ladrillo, que hoy se rodea de un vergel.

Dicha nave no tenía la puerta donde actualmente puede contemplarse, sino que la puerta era lo que hoy en día es el arco. Una especie de Puerta de Alcalá, en ladrillo, con un solo hueco que so
porta un campanario con una sola campana. Todos los Viernes de Remedios, durante la mañana, un voluntarioso de tantos se alzará mediante escalera para engrasar el eje de la campana y comprobar su afianzamiento, engarzar la cuerda y dar unas vueltas de prueba.

Nadie repara en que la mesa se desplaza a la par que las andas, sin tanta vistosidad por supuesto. Suele encargarse alguien de la Junta Directiva de su traslado. Es un pequeño detalle, pero demuestra la sincronización de movimientos y el estar al tanto de los más imperceptibles detalles.
Llegada la Virgen a la puerta de la Ermita, la campana comienza a redoblar, algo grande sucede en el interior de cada colmenareño, la emoción embarga y algunos se ven delatados por sus lágrimas. La Virgen ya está fuera de la capilla. La gente se agolpa formando un pasillo por el que discurrirá el tramo de esta puja.

Todo el mundo está muy pendiente y además del pasillo, forman un gran tumulto en la plaza, justo al otro lado del arco con la campana que no cesará de sonar en todo el recorrido de esta puja.

Se inicia el traslado de la Virgen, casi no pueden avanzar, todo el mundo quiere tocar las andas y poco a poco llegan al arco donde se realizará la tercera puja. Una vez en este lugar, y dado el gran número de personas que allí hay, así como el barullo que se oye de fondo, todos los interesados en pujar se sitúan en las proximidades del arco.

Mientras tanto, la Camarera irá colocando la capa para que el sol, el polvo o la lluvia no perjudiquen lo más mínimo a la imagen. Hace un tiempo, no mucho, era una capa totalmente verde y de plástico. Hoy día se trata de una capa de tela con motivos dorados. Una vez puesta, tan sólo deja percibir la cara de la Virgen y la del Niño Jesús que en sus rodillas asienta.

A continuación las andas son alzadas a hombros, los portadores trasmiten muestras de emoción y todos los acompañantes siguen a la Virgen hasta la puerta de la finca por el camino empedrado.

Llegados a la puerta sucede un curioso hecho. A partir de este punto, portar las andas de la Virgen a hombros no requiere puja ni pago alguno, tan sólo una condición. Desde la puerta de la finca hasta aproximadamente el desvío del Complejo Agropecuario (a unos dos kilómetros de la piscina municipal) la portarán las mujeres. A partir de este punto hasta la llegada al pueblo, los hombres serán los encargados. No había reparado al describir la entrada a la finca de vehículos, de cómo puede observarse unas señoras en pie o sentadas en el bordillo exterior de la entrada. De no haber oído un comentario, sería difícil saber cuál es realmente su cometido.

- Nosotras somos las primeras y luego van estas señoras - se decían unas a otras. La explicación es tan sencilla como que desde incluso antes de iniciarse la misa en la ermita, ellas guardan turno para ser las primeras en portar las andas desde la puerta de la finca, hasta donde los encargados establezcan en el relevo.

Al frente de la romería se sitúa el sacerdote, que según acuerdo entre el clero local, corresponde al más moderno en cuanto a su incorporación a la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora, a la que se recuerda pertenece la Hermandad de Nuestra Señora la Virgen de los Remedios.

El cura camina ataviado con el alba, y como ahora siempre llevan ropa de calle bajo las vestiduras clericales, lo normal es que durante el camino traspire algo más que la media.

Encabeza el grupo de fieles a los que alienta con rezos y cantos populares que la gran mayoría es capaz de seguir sin complicaciones. Los voluntariamente encargados del orden a la hora de portar las andas durante el camino, normalmente dos, procuran hacer los relevos dos a dos, es decir, cambian los dos brazos traseros o los dos delanteros a la vez. Así se evitan descompensaciones que tanto desequilibran a la imagen y dan aspecto de balanceo extremado.

Al llegar a la Base Militar FAMET, la Virgen es trasladada hasta enfrentarse con la puerta central. Allí, una escuadra de honores mostrará los respetos castrenses a la Patrona de Colmenar Viejo. Suena el himno nacional y una serie de Viva España, Viva Colmenar y Viva la Virgen de los Remedios dan por finalizado el homenaje.

La Virgen es nuevamente orientada hacia el pueblo y carretera abajo, paso a paso, relevo tras relevo se irá aproximando a Colmenar.

A su llegada a la entrada de la localidad, en la puerta de la piscina municipal, la esperan varios acontecimientos: se despoja de la capa, se cambia de joyas y es colocada en la carroza. ¡Cuantas hechos en el mismo lugar y con tanta gente que lo coordine! Las joyas que lucirá, tanto la Virgen como el Niño Jesús durante todos los días que dura la visita, son las de mayor calidad, que por cierto no es mucha. Son sus joyas festivas y la Camarera, la encargada de su engalanamiento. Para esta labor, de año en año van indicándose del modo la Camarera saliente y la entrante.

Antes de la Coronación Canónica, el día veinticuatro de junio de dos mil uno, tan sólo poseía dos juegos de joyas. Lucía a diario una corona con cuatro picos en forma de estrella y al llegar a Colmenar Viejo, se le imponía la que hasta entonces era la más elegante, compuesta de algunas perlas y más sofisticada. A partir de la fecha en que nuestro Cardenal Arzobispo D. Antonio María Rouco Varela ejecutó la citada coronación, ésta es la que se usa para su estancia en la localidad y cualquiera de las otras dos, indistintamente, es la que usará de forma ordinaria para su estancia en la Ermita.

La capa es quitada por la Camarera que rauda y veloz habrá llegado de su casa ataviada de forma festiva para la ocasión. Dobla la capa y la guarda hasta el martes en que volverá a hacer uso de ella para la subida a la Ermita.

Una vez ataviada y enjoyada, los carroceros son los encargados de su acomodo en la carroza.
La carroza. A cualquier profano sobre el tema enseguida le asalta la pregunta ¿qué es la carroza? Para hacerse bien a la idea hay que usar un poco la imaginación, y con las descripciones que a continuación se dan se irá formando ella solita.

Imaginemos, que por cierto es real, el chasis de un Citröen 2 CV. Un bastidor, dos ejes, cuatro ruedas, el freno de mano en perfecto estado y el sistema de dirección accionado por una palanca que sobresale por la parte delantera como si del timón de una lancha fuera borda se tratara. Así de sencillo.

Ahora colocaremos una serie de barras verticales que apoyan sobre el chasis a modo de columnas. Y sobre estas columnas una plataforma de madera. Todo ello va recubierto con un gran telar rojo con ribetes y bordados dorados a modo, valga la expresión, de mesa camilla. Es decir, la tela además de recubrir toda la plataforma, cae por los lados impidiendo ver el interior del artilugio y ensalzando el medio de transporte de laVirgen por el pueblo.

Sobre todo esto citado, se colocan las andas más ornamentosas podría decirse. Al igual que las otras son pequeñas y tienen dos largas varas que recorren de delante a atrás los bajos de la plataforma. En cambio la parte superior es diferente. Estas andas, lejos de llevar las cuatro columnas que sujetan al palio, tan sólo rodean de lateral a lateral pasando por la parte superior, la Virgen. Simula un resplandor en plata y lleva un punto de luz en cada punta de lo que se podría interpretar como el citado resplandor y la parte inferior es toda una cenefa ribeteada en plata.

El medio de locomoción es acertado, según la costumbre local; seguramente más al sur del territorio nacional sería portada a hombros por una serie de costaleros.
En Colmenar, los puntos de apoyo sobre el que se hará la fuerza para el desplazamiento de la carroza son tres barras de madera que, lateralmente y paralelos entre sí, cruzan la carroza para sobresalir los palos aproximadamente medio metro por cada lado.

A ellos se afierran los que por puja les haya correspondido y no es extraño que alguien allegado a éste le ayude en el esfuerzo.

Siempre que la Virgen encumbra la carroza y es portada a cualquier lugar, las luces de las andas son conectadas mediante una batería que soporta el chasis. Asimismo los faroles que adornan en las cuatro esquinas la carroza también están dotados de luz propia, alimentándose del mismo lugar. También los faroles que adornan las andas de plata son iluminados nutriéndose de la misma fuente.

Puede deducirse de todo lo descrito en cuanto a la carroza, que nuevamente nos encontramos con un grupo de personas que, altruista y autónomamente coordinados, deben hallarse dispuestos para la tarea sencilla por repetitiva y sin embargo, harto compleja de detalles que deben estar a punto.
Para hacer justicia, es de ley explicar que la actual carroza desde su construcción, se conserva en el amplio garaje de unos hermanos generosos.

Podrían arrendar esa plaza de garaje o cualquier otra cosa, pero no, su voluntad es que el lugar en el que la Virgen de los Remedios sea portada por las calles del pueblo se custodie altruistamente en su casa.

No obstante y teniendo en cuenta la funcionalidad y el juego que ofrece la carroza y los carroceros, también es de ley expresar la voluntariedad de este grupo de colmenareños que siempre que el párroco ha precisado de sus servicios en cuanto a carroza hablamos, han acudido raudos a ponerla a su disposición. Como muestra, cítese el día del Corpus Christie en que algún año ha salido por el pueblo.

El mantenimiento también corre a cargo de estos voluntariosos de la carroza: cargar la batería para la iluminación, engrasar dirección, ajustar frenos. Todo forma parte de la ceremonia que supone tener a punto el artilugio.

Es de ley hacer un inciso para dejar constancia cómo desde el día 24 de agosto de 2005, ha quedado instalado en la ermita un icono dedicado a San Bartolomé. Pues la razón de ser de esta ermita, al menos que se sepa hasta el siglo XVI, era la dedicación al citado Santo, y por ello el cura párroco ha considerado que el día señalado para su celebración, debe conmemorarse especialmente en este lugar de culto que hasta la aparición de su titular actual, era el suyo.

CAPÍTULO III
LA PATRONA DE COLMENAR VIEJOa.

(Este documento está basado en el Capítulo III del libro “Un Paso Más...” de D.Jesús Fernández Fuillerat

Índice general

 

PRESENTACIÓN............................................
Amigo lector: ...................................................
PRÓLOGO.................................
INTRODUCCIÓN.........
CAPÍTULO I LA INICIACIÓN EN LA FE
Bautismo ........
Primeras Oraciones en familia
Primera Comunión
Vacío en adolescentes
Juventud y la Confirmación
Diploma y a correr, salvo raras excepciones
Confirmación de Adultos (cuando las hay)


CAPÍTULO II DOMINGOS Y FIESTAS DE GUARDAR.
CAPÍTULO III LA PATRONA DE COLMENAR VIEJO
CAPÍTULO IV VIERNES DE REMEDIOS
(EL COMIENZO OFICIAL DE FIESTAS)
CAPÍTULO V SÁBADO DE FIESTAS,
FUSIÓN DE LO SOCIAL Y RELIGIOSO.
CAPÍTULO VI DOMINGO, MISAS Y PROCESIÓN.
CAPÍTULO VII LUNES, LOS HERMANOS DIFUNTOS
Y LA ASAMBLEA GENERAL.
CAPÍTULO VIII MARTES, LA VIRGEN
VUELVE A SU ERMITA
CAPÍTULO IX TODO UN AÑO POR DELANTE
CAPÍTULO X
UN GRATO RECUERDO
HIMNO A LA VIRGEN DE LOS REMEDIOS
EPÍLOGO

 

Bajar libro en Formato PDF »

 

HIMNO A LA PATRONA

 

Virgen de los Remedios, Virgen de los Remedios
Madre bendita, Madre bendita,
que velas por tus hijos desde tu Ermita,
desde tu Ermita.

¿Te acuerdas, Madre? ¿Te acuerdas, Madre?
A tus pies cuántas veces recé la Salve,
recé la Salve.
Del mundo en los peligros,
del mundo en los peligros.
¡Ay, no me deje!, ¡ay no me dejes!,
a recibir mi alma, ven en mi muerte,
ven en mi muerte.

Que sólo quiero, que sólo quiero,
asido de tu manto, subir al Cielo, subir al cielo.

Colmenar te saluda, Colmenar te saluda,
como a su madre, como a su madre.
Y tu nombre repiten montes y valles,
montes y valles.

Madre adorada, Madre adorada,
no olvides a tus hijos, que tanto te aman,
que tanto te aman.

Email E-mail: info@remedioscolmenar.com

WWW Link Website: www.remedioscolmenar.com

Mapa Googlepicture