Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios.
Web de la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios
Hermanos Mayores
Colmenar Viejo, 2011
-Al pasear vuestra mirada por las páginas siguientes, va a impresionar vuestra retina la fotografía de medio centenar de hombres, que tienen en común, haber sido una vez en su vida hermanos mayores de la Hermandad de Ntra. Sra. de los Remedios. Sus caras, resultarán conocidas, sobre todo, a los colmenareños que ya tienen hebras de luna en las sienes. Comprobaréis que algunos, ya se han marchado de entre nosotros para siempre y pasean ahora por las alamedas de la eternidad. Otros muchos, llevan actualmente en sus rostros las cicatrices de la herida del tiempo, por lo que a la vista de sus fotografías, podríais confundirles con sus hijos. De los menos, os dará la impresión de que para ellos se ha detenido el calendario. Uno, recorre este año los caminos de Remedios delante de la imagen de la Virgen, portando el farol de plata. Y todos unidos, forman la gran cadena que ha presidido durante el último medio siglo, la más importante de las tradiciones de nuestro pueblo, la Función de Remedios.
Todos ellos, fueron nombrados hermanos mayores por azares del destino, en el ocaso de unas fiestas. Recibieron el testigo y el santo y seña del anterior, acompañado de un relicario de consejos en torno a la Virgen, la ermita, los pinos, la capilla, las andas, las costumbres. El cesante, por acabar de paladear la grandeza de Remedios, en íntima e inmediata cercanía de la imagen, se ha enamorado de tal suerte de la tradición, que teme entregarla sin extremar los cuidados que garanticen su continuidad y se deshace en observaciones, advertencias, recomendaciones ... Pero todas las precauciones son innecesarias, porque el sucesor, el primer día que visita la ermita tras de su nombramiento, al acercarse a la imagen, queda envuelto en la magia que emana de la Virgen y recibe una sensación misteriosa y profunda que se adentra hasta las fibras más hondas de su corazón y que sin él darse cuenta, guiará sus pasos. Desde ese momento, el recién llegado, se convierte por el hechizo fascinante de una mirada de la Virgen, en el mayor paladín de las tradiciones y dirigirá todos los esfuerzos a impulsar y mejorar cuanto se relaciona con las Fiestas de los Remedios. De hecho, pasa a ser el engranaje que lo mueve todo, que lo controla todo, que todo lo cuida y mima con un espíritu de servicio y entrega, que ni él mismo había imaginado. Una muestra de todo ello es la edición del libro que tenéis entre las manos.
Mediréis que esta sensación, esta entrega, esta ilusión, no es exclusiva de los hermanos mayores. Es cierto, son muchos los colmenareños que llevan prendido en su pecho este sentimiento inefable de amor a la Virgen de los Remedios. Para mí todos son hermanos mayores honorarios. Y aún diré más. Ese grupo de personas que año tras año, se ocupan desinteresadamente de las mil y una cosas que son necesarias para el desarrollo de las fiestas, son la savia que hace florecer todos los agostos el rosal de Remedios, con la misma fuerza, con el mismo colorido y con el mismo sabor a tradición de siempre. También forma parte fundamental del núcleo de la fiesta la dedicación ilusionada que ponen el párroco y los sacerdotes, sin cuya participación todo quedará en nada. Y la asistencia de la hermana mayor, que como camarera de la Virgen, pone su mano femenina en muchísimos detalles. Y la excepcional aportación del Coro Parroquial, que hace estremecer el Sábado de Remedios las bóvedas de nuestro monumental templo.
Por lo dicho, podría alguien pensar, que todos los protagonistas antes nombrados, son la médula espinal de nuestra tradición. Nada más lejos de la realidad. Así como en la creación poética, la poesía es lo que queda flotando en el corazón después de eliminar la rima, la medida, la musicalidad y hasta las palabras, en nuestra tradición, lo transcendente, lo importante, lo esencial, lo determinante de la tradición, es lo que queda después de suprimir a los hermanos mayores, los priostes, los cofrades, los colaboradores incondicionales, los párrocos, los sacerdotes, el coro y hasta las mismísimas costumbres.
La tradición, donde anclan sus raíces, donde se sustenta, donde verdaderamente existe es en la propia imagen de la Virgen, que indudablemente lleva adherido a su madera un hechizo misterioso que, con independencia de sentimiento religioso, atrae hacia las pupilas de sus ojos las miradas de todos los colmenareños y de los que no lo son, con una fuerza irresistible. Esta atracción, este imán, este milagro es el auténtico armazón de las fiestas, que pasa inadvertido en el fragor de la feria, pero que se palpa en la intimidad de los hondos silencios de la ermita; cuando a solas nos acercamos a la imagen y tenemos la sensación de que nos mira, de que en las entrañas de su talla, late un corazón que no es de nogal, ni de roble y que nos escucha; y cuando en esa paz maravillosa, acuden a nuestra mente en torbellino, galopando frenéticos, todos los recuerdos de nuestra vida; los amargos, para suavizarse en el embrujo de sus ojos y los alegres, para dilatarse a la luz de su mirada.
Pienso que la Virgen de los Remedios es la piedra angular de nuestras tradiciones y que para Colmenar representa: un álbum que todos los veranos nos evoca el pasado; una paloma de paz y de esperanza; un remanso donde se evaporan las lágrimas de los ojos cansados de llorar; un hada mecida por mil hombros que, en agosto, torna a su paso los cardos del camino, en ramos de claveles y clavellinas; un pregón de fiestas y de toros; un arca guardadora de secretos; un volcán que inflama los corazones; rosal donde florece la amistad; tabla de salvación de mil tormentas; barca segura ante la tempestad; firme puente que enlaza las orillas de nuestras vidas con la eternidad; y el remedio de todo lo imposible.
Pienso realmente, que la Virgen de los Remedios es el corazón de la tradición y el alma de Colmenar Viejo.
Programas de Fiestas desde 1939
Crónicas de la Hermandad Libro de Actas desde 1939
HIMNO A LA PATRONA

Virgen de los Remedios, Virgen de los Remedios
Madre bendita, Madre bendita,
que velas por tus hijos desde tu Ermita,
desde tu Ermita.
¿Te acuerdas, Madre? ¿Te acuerdas, Madre?
A tus pies cuántas veces recé la Salve,
recé la Salve.
Del mundo en los peligros,
del mundo en los peligros.
¡Ay, no me deje!, ¡ay no me dejes!,
a recibir mi alma, ven en mi muerte,
ven en mi muerte.
Que sólo quiero, que sólo quiero,
asido de tu manto, subir al Cielo, subir al cielo.
Colmenar te saluda, Colmenar te saluda,
como a su madre, como a su madre.
Y tu nombre repiten montes y valles,
montes y valles.
Madre adorada, Madre adorada,
no olvides a tus hijos, que tanto te aman,
que tanto te aman.
LIBRO
LA PATRONA DE COLMENAR VIEJOa.
(Este documento está basado en el Capítulo III del libro
“Un Paso Más...” de D.Jesús Fernández Fuillerat

